El Viernes Santo concentra algunas de las hermandades con mayor raigambre histórica dentro de la Semana Santa de Jerez, lo que se traduce en una jornada de alta estabilidad estructural a lo largo del periodo 2009–2025. La evolución del número total de nazarenos muestra una tendencia de crecimiento contenida, con oscilaciones moderadas que responden al comportamiento específico de determinadas corporaciones, pero sin alteraciones abruptas en la configuración del día.
A diferencia de jornadas con mayor movilidad de hermandades, el Viernes Santo mantiene una composición estable, lo que permite interpretar las variaciones del total del día como resultado, principalmente, de la evolución interna de las corporaciones. En este sentido, el crecimiento observado en los últimos años responde a incrementos paulatinos en el número de nazarenos de algunas hermandades, más que a cambios estructurales en el mapa de la jornada.

El análisis por hermandades pone de relieve trayectorias de crecimiento desigual, con corporaciones que experimentan fases de expansión más marcadas y otras que se mantienen en niveles relativamente constantes a lo largo del periodo. No obstante, el balance agregado del Viernes Santo es positivo, reforzando su condición de jornada consolidada dentro del conjunto de la Semana Santa jerezana.

Como en el resto de jornadas, los años 2020 y 2021 no figuran en la serie debido a la suspensión de las procesiones durante la pandemia de COVID-19. La evolución a partir de 2022 muestra una recuperación gradual, situando al Viernes Santo en niveles de participación comparables o ligeramente superiores a los registrados antes del paréntesis pandémico, en línea con la tendencia general de recuperación del conjunto de la Semana Santa.