El manto azul que luce desde el año 1926 Nuestra Señora del Desconsuelo fue bordado en el año 1905 por el genial bordador Juan Manuel Rodríguez Ojeda para la Hermandad de la Amargura de Sevilla. Hace juego con el innovador palio que en el mismo color había realizado el mismo artista en 1902.Dicho conjunto es fundamental para entender, no ya sólo la trayectoria evolutiva del taller Juanmanuelino, sino incluso la de la misma historia del bordado andaluz. Con él se superaron circunstancias hasta el momento indiscutibles y se dio paso a una concepción del Paso de palio totalmente desconocida hasta la fecha. Con el Palio azul podemos decir que se inicia la estética de las cofradías del Siglo XX, que es culminada por el mismo autor varios años después con el mítico palio rojo de la Macarena.
Generalmente está asumido que la parte más interesante en cuanto a la sorpresa de su diseño es la de las bambalinas (Dibujo diferenciado en cada paño, simetría en cada uno de ellos, forma inferior en pico, y atisbo de crestería) ya que en ellas consigue plasmar una elegancia en el movimiento desconocida hasta la fecha.
De igual manera y con todo fundamento está asumido que el techo de palio es la zona donde aún se hacen patentes ciertos resabios románticos como la decoración mixtilínea anteriormente desarrollada por el mismo autor en el primer palio que diseña para la hermandad de la Sentencia y donde actualmente procesiona la Dolorosa trianera de la Estrella. Podríamos decir que ambos beben en el diseño que Guillermo Muñiz realiza para la Carretería, hoy propiedad de la Cofradía de Jesús Despojado.
En cuanto al manto este siempre se ha considerado quizás la parte más ecléctica en cuanto a su diseño. No podemos decir que fuera un manto revolucionario en cuanto a su dibujo, sobre todo porque no aportó innovaciones que después crearan escuela como sí le ocurre al manto camaronero, por ejemplo, pero tampoco que fuese una pieza plenamente inmovilista, y nos explicamos.
En el manto verde de malla Juan Manuel aporta varias soluciones estéticas novedosas (El color, la malla bordada en toda la superficie, la utilización de figuras de Ángeles etc) y pricipalmente dos novedades que marcarán para siempre la historia del bordado (La simetría longitudinal con el eje o tronco central del diseño que distribuye racionalmente el dibujo y la utilización como nunca antes se había llevado a cabo de las sedas de colores). En el manto del Desconsuelo el artista no aporta novedades "definitivas" como las comentadas del manto verde , pero incorpora algunas de las ya desarrolladas en el mismo como el eje de simetría en forma de tronco, que racionaliza y estructura el diseño, y del que surgen numerosos puntos de partida como cestos, cestillos y jarrones desde donde parten las grandes hojas de acanto que van ocupando toda la superficie formando dibujos encontrados-complementarios que forman la trama de la traza dejando al descubierto una parte mínima del terciopelo como nunca antes se había visto. Esta especie de horror-vacui empieza a desarrollarse a partir de esta pieza, y culmina llevado a su extremo en las últimas obras que salieron del taller, como el manto granate de la Amargura o el de tisú verde de la Macarena.
Una característica muy destacable del manto azul es el hecho de que aún toma ciertos elementos de arcaísmos románticos pero reinterpretados con lo que consigue que el aspecto del mismo no se parezca a ninguna de las piezas anteriores pero tampoco a las posteriores.
La hermandad del Desconsuelo dado el mal estado de esta obra se está planteando una restauración a fondo. La situación es difícil debido al desgaste que presentan los materiales lo que hace que el hilo de oro en algunas de las piezas aparezca tan gastado que sólo queda de él el alma, por lo que la intervención debe ser tremendamente minuciosa y certera. Para ello desde San Mateo se han realizado numerosas consultas a otros tantos expertos y se han solicitado estudios y presupuestos para acometer esta actuación. Ahora sólo queda la decisión final y un periodo de sacrificios económicos que les haga llevar a buen puerto una intervención tan colosal.

Creo que los criterios con los que están actuando son acertados pero aún así hoy en día las pautas para la restauración de los bordados son aún confusas y en muchos casos inexistentes. Es curioso como en prácticamente ningún caso interviene un restaurador y son los talleres de bordados los que efectúan las mismas.( En obras de esta importancia histórica debía intervenir el IAPH, pero por lo que se ve les resulta más sencillo meterse en algunos casos en restauraciones de imágenes absolutamente mediocres pero de una cierta repercusión mediática antes que plantearse intervenciones problemáticas de piezas como la que nos ocupa) Para colmo la hermandad se enfrenta a un segundo reto, que no es otro que el de devolver al manto a su aspecto primitivo, ya que debido a la desafortunada intervención del pasado a nuevo terciopelo efectuada a principios de los años 80 de la pasada centuria mantiene alterado el dibujo original y modificados caprichosamente elementos esenciales de la personalidad de la obra.
Tales son las dificultades que incluso algún experto ha recomendado la realización de un manto nuevo, dejando en las vitrinas para siempre la obra Juanmanuelina. Yo no soy partidario de esto porque entiendo que el manto aún es recuperable y que se debe mantener al máximo la función para la que fue creado, esto es, ser lucido junto al fantástico palio azul en las calles de Jerez cada primavera para mayor gloria de la Madre de Dios.





Que dios reparta suerte